Texts I Textos

2020

Crónicas de cuarentena. Las artes visuales salvadoreñas y la COVID-19.

https://www.disruptiva.media/cronicas-de-cuarentena-las-artes-visuales-salvadorenas-y-la-covid-19/

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2019

La imaginación social y la representación visual del agua en Mesoamérica.

Resumen:

Esta investigación informa sobre la representación del agua, su presencia física en las artes visuales y su repercusión en la cultura visual e imaginario social, tomando como referencia el contexto mesoamericano contemporáneo. Para ello se apoya en una revisión panorámica y un estudio de aspectos culturales, geográficos y socio-políticos de Mesoamérica desde los tiempos ancestrales y pre-hispánicos hasta la época.

Tesis inédita de la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Bellas Artes, leída el 29 de marzo de 2019; presidente, María Dolores Fernández Martínez.

Tesis para optar por el grado de Doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Tesis aprobada como ¨Sobresaliente¨ y con la Mención Internacional de Doctorado. Título concedido: Ph.D.

Tesis disponible en el repositorio de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid y a solicitud directa con el autor.

Linares, A. M. A., Raquejo, T., Moñivas, M. E., & Universidad Complutense de Madrid. (2019). La imaginación social y la representación visual del agua en Mesoamérica.

https://eprints.ucm.es/id/eprint/56733/

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2018

Camino líquido


Mauricio Linares Aguilar (El Salvador, 1966) transita entre el símbolo y la materia; entre la mirada micro y macroscópica del agua. Su interés por esta sustancia se sostiene en una posición holista, sinérgica y sensible hacia la realidad que desvela conexiones entre dimensiones físicas y sustratos espirituales.


Estudioso del imaginario visual de este elemento arquetípico en Mesoamérica, en su faceta de artista conecta la tradición simbólica del agua con distintos lenguajes estéticos contemporáneos. Sus imágenes nos remiten a la atemporal contemplación humana del líquido elemento, explorando perspectivas ambiguas que catalizan una mirada atenta a las estructuras, flujos y bellezas que habitan los cuerpos de agua.


Linares Aguilar busca un agua que es puente y conector de continentes; camino líquido. El movimiento ondulatorio que recorre toda su obra parece una suerte de esencia representacional o escritura común a todas las culturas. El artista salvadoreño indaga estos símbolos de la actividad y la energía del agua desde una posición multicultural de respeto y de exquisita honestidad.


Fruto de todo ello, la presente exposición propone un recorrido por una selección de obras de las
últimas tres décadas; un trabajo que evoluciona sin perder sus señas de identidad, y que en el último
periodo se adentra en nuevos campos de experimentación.


Prof. Dr. Esther Moñivas
Marzo, 2018

Publicado en el catálogo Imaginando el agua con motivo de la exposición en el IILA, Instituto Italo-Latinoamericano, Roma, Italia.

https://www.academia.edu/36985903/Imaginando_el_agua

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2017

Aproximación al grabado de Camilo Minero

PDF disponible en:

http://www.redicces.org.sv/jspui/handle/10972/3339

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2014

In Situ: ¿es realmente el fin del arte de posguerra?, ¿existe una generación del encierro?

Una síntesis del texto fue publicada en Contrapunto.com.sv en el 2014.

Texto completo disponible en:

https://www.academia.edu/8232002/In_Situ_es_realmente_el_fin_del_arte_de_posguerra_existe_una_generaci%C3%B3n_del_encierro

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2012

Mauricio Linares Aguilar (1966)

Estudió en la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad Dr. José Matías Delgado y continuó estudios, académicos y de campo, en formación artística en Estados Unidos. La temática más sobresaliente de su obra es el paisajismo, tema que se ha interpretado a lo largo del desarrollo pictórico nacional; sin embargo, su propuesta es neorromanticista y neosimbolista.

Su carácter personal reticente se percibe en la quietud que nos demuestra al contemplar sus pequeños, medianos y grandes formatos. La sorprendente textura y la perfecta gradación de colores y su impresionante luminosidad, contrastan con el minimalismo de los asuntos connotados: resultados que devienen de un proceso de creación de arduos bocetos, donde la espontaneidad del trazo le permite jugar dibujísticamente. Pintura que connota la reverencia que el autor le rinde a la Madre Naturaleza, al ser transplantada en sus lienzos con el objetivo de que ésta represente el equilibrio, la paz y la tranquilidad frente a un mundo moderno que el autor se niega a integrar.

Astrid Bahamond Panamá.

2012.

Publicado en el libro Procesos del Arte en El Salvador. Biblioteca de Historia Salvadoreña. Dirección de Publicaciones e Impresos. Volumen 22. 2014. (Reimpresión).

Bahamond, P. A. (2012). Procesos del arte en El Salvador. San Salvador, El Salvador: Secretaría de Cultura de la Presidencia, Dirección de Publicaciones e Impresos.

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Spiral Installation

Spiral is a site-specific gallery installation. Simplicity and subtleness are the goals for this installation. It shapes a spiral from above, and is meant to be experienced by walking through it. It has four different elements: one white cotton scrim, 71 feet long by 9 feet high, one cotton scrim 15 feet long by 9 feet high, a direct wall print, and outside natural air. The piece is made of materials such as cotton fabric, casein, bleach and Arkansas yellow oxide clay. The intent of Spiral Installation is to convey the idea of the flowing process of life and death throughout time. It also suggests the idea of being able to see subtle natural flowing energies that surround and permeate us all the time, but which we cannot see because of our limited natural perception. Those energies affect us all the time, even when we are not entirely conscious of them.

Linares, A. M. A. (2012). Spiral Installation.

 Proquest, Umi Dissertatio, 2012.

Thesis. Master of Fine Arts. M.F.A. Art Department. Fulbright College. University of Arkansas at Fayetteville. USA.

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2000

Latin American Art in the Twentieth y Century

¨… ; and Mauricio Linares (b.1966) who has focused on the concept of space, first in stark interiors and, more recently, in large, cosmic landscapes.¨ (p.66).

Sullivan, E. J. (2000). Latin American art in the twentieth century. London: Phaidon Press.

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Mauricio Linares

I Palmarés Diplomat

Ganadores 1986.

Es un pintor de la generación de Mauricio Mejía, Mayra Barraza, Héctor Hernández y otros que como jóvenes pintores están siempre preocupados por la experimentación y la vanguardia, creando así derroteros que otros más jóvenes seguirán.

Pintor solitario que se mueve con sus propios recursos para poner en circulación sus obras, lo hace con mucho tacto y sabe escoger donde hacerlo. Ha expuesto en Centroamérica y en Japón, y ha logrado una merecida reputación como uno de los mejores y más representativos pintores de El Salvador. Respecto a su evolución artística desde la obra ganadora hasta la obra actual, nos dice que no hay grandes distancias en cuanto a sus conceptos esenciales. Al observar esta obra titulada ¨Dilema¨, con su referente visual que es el ¨muro Linares¨, vemos que se trata de muros como en otras obras: horadados con ventanas. Muros que parecen ser parte de otro aún más grande. En este, ganador del segundo lugar en el Palmarés, el planteamiento del dilema es -según Linares- que el observador pueda sentir la sensación de estar dentro o de estar fuera, pero siempre prisionero en un espacio, preso de una realidad.

Dos formas acaracoladas o espirales complementan el espacio en términos compositivos, para crearle significado a lo que tras las barras está al fondo de la ventana, que es de tono rojo vivo y tiene luz propia; el otro caracol está arriba con un brillo natural, como símbolo de la vida, con su consistencia gelatinosa y acuosa.

Otro elemento que llama la atención, las barras translúcidas que, sobrepuestas a una forma ovalada, quizá nos tratan de decir que en el tiempo del ¨Dilema¨ algo se está creando, el caracol de vida. Otra posible lectura sería que este óvalo a media salida tras las barras transparentes nos dice que la quedado preso en el muro ya casi como otra huella, testimonio de un dilema es decir, sin solución. (p.18).

Huezo, R. (2000). Palmarés Diplomat. San Salvador: Somos Editores.

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Mauricio Linares

II Palmarés Diplomat

Ganadores 1987.

Es profesor de la Escuela de Arquitectura y de la Escuela de Comunicaciones de la Universidad José Matías Delgado. Ha realizado muchas exposiciones con su obra de magnífica factura y de contenido pensado, racionalizado. Ahora está experimentando intensamente lo que hace pocos años inició: una especie de marinas muy originales. En sus oleajes nos deja ver el trabajo de perspectivas, a vuelo de pájaro, rasantes, cenitales.

Su colorido es notable. Despliega toda su fuerza y su experiencia para hacernos sentir el mar y su calma, el mar y su violencia.

En el cuadro de esta colección hizo un paréntesis, y nos muestra el reflejo del momento paralizante de la guerra, que todo lo trastoca, y la aspiración de salir de tal estado de violencia.

Con el fondo de una atmósfera tormentosa, fragmentos de tela están volando como queriéndose liberar, pero atados al muro. Esos fragmentos están cosidos con el hilo articulador de la razón, es lo que aún nos permite que nos separen nuestros intereses disímiles. Diferentes colores, diferentes ideologías. Quienes no lograron dirimir sus intereses están volando en pedazos en la tormenta eterna de la irracionalidad.

En este cuadro hay un sentido simbólico en todo, es una construcción con signos, es una estructura simbólica que tiene valores para leer. Estas primeras palabras o formas pictóricas son apenas claves para descifrar nuestra némesis. (p.25).

Huezo, R. (2000). Palmarés Diplomat. San Salvador: Somos Editores.

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1997

Mauricio Linares: Una mirada renovadora.

Con diversidad de formatos Linares estructura un discurso que propone ofrecer una relectura del género paisaje. Por decisión se apropia de las posibilidades intrínsecas de este y se asume sucesor de la amplia tradición que el género exhibe a lo largo del continuo artístico.

El conjunto temático, como serie, se asienta en la diversidad, para ello se auxilia de plurales vías y recursos entre ellos la organización espacial. El espacio deviene escenario, telón de fondo, conductor cromático, equilibrio y contrapunto composicional.

Su quehacer paisajístico auna dos tradiciones aparentemente antagónicas, la pictórica (colorista) de Valero Lecha, y el saber del diseño, direcciones artísticas que se conjugan en una propuesta discursiva que se inserta orgánicamente en la tradición pictórica salvadoreña. Pero Linares no es sólo el heredero de un proceso plástico sino participa junto a otros creadores-como Roberto Galicia, Licry Bicard y Rodolfo Molina-en la renovación del género.

Con buena factura y fuertes texturas Linares juega con el oficio pictórico, vela la obra y la recupera de otra manera, la rehace en una dinámica de modificaciones. Su interés por sugerir a través de lo indeterminado constituye una de las claves de su discurso al igual que la creación de atmósferas en las cuales cielo, agua, tierra son sólo vehículos de comunicación. A través de signos conocidos y reconocidos manipula recursos como la luz, e intenta más un sentido propiciatorio que representacional.

La obra de Linares aparentemente silenciosa, rebasa la estrechez temática para contextualizarse como un estandarte, una voz de paz en medio del convulso proceso de vida y muerte protagonizado por su pueblo.

Luz Merino

La Habana, Mayo de 1997.

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1996

Visiones Místicas

Los artistas revelan por vez primera su conocimiento de la naturaleza y misterios, cuando el arte se torna simbólico y la verdad apegada a la realidad deja de ser relevante. Debido a que la naturaleza es tan vasta e incomprensible, reemplazar los elementos tangibles con significados abstractos y colores efusivos, resulta una evolución lógica en el sistema de estilos y técnicas comprendidos en la historia del arte. En un paisaje de símbolos y expresiones, los detalles realísticos se fusionan en una impresión total, lograda a través de la percepción de la luz y sus propias cualidades misteriosas.

La interpretación de la luz es parte de la ciencia de la pintura, así como una expresión estética del ánimo del drama emocional. Un sentido místico de la luz tiñe la pintura con una atmósfera que trasciende lejanamente lo terrenal para entrar en un reino enigmático y de fortaleza cósmica. La incorporación esporádica de inexplicables apariciones metafóricas contribuyen aún más a su complejidad.

Mauricio Linares Aguilar crea pinturas de misterio y confusión que dependen de la respuesta inconsciente de todo su ser al mundo que lo rodea. Como un discípulo de los grandes poetas y pintores románticos, su deseo vehemente por una esencia estética en su forma más pura y concentrada, inspira frescas abstracciones cromáticas con perspectivas espaciales sin fin y figuraciones distorsionadas. Armoniosas sinfonías de colores transparentes revelan un mundo de cielos y nubes, fuego y agua, es decir los elementos más básicos de la naturaleza transferidos al lienzo. Esta armonía de la naturaleza aparece con frecuencia protegida por una figura humana, o acaso perturbada por la presencia humana en fantásticos paisajes.

Confiando en sus propias sensaciones, Linares capta la esencia del espíritu de la naturaleza y persuade al espectador a compartir sus experiencias a través de la pintura.

El artista encuentra en la naturaleza la inspiración para explorar la cualidad de la pintura, como vehículo para la expresión personal y para entrar al mundo sobrenatural o metafísico. Saturadas con un sentido de lo trascendental, las pinturas de Mauricio Linares Aguilar fusionan luz, color, nubes y mar en una forma radiante de ígnea energía. Distancias tan monumentales como las montañas, identifican el paisaje con El Salvador, su tierra natal, cuyo terreno se caracteriza por eternas y sobresalientes cumbres. Antes de las infinitas extensiones de tierra, cielo, horizonte y mar, el espectador se ve ante el poder y el misterio de la naturaleza y su impenetrable fachada. Como respuesta muy personal a las vastas expansiones de la naturaleza y a los diversos estados de ánimo que ellas evocan, el artista crea imágenes que van desde las que plenamente se identifican como recreaciones poéticas del paisaje, hasta rendiciones totalmente abstractas, descritas en transparentes capas de colores y en planos de diferentes tonalidades. Así como Paisaje, 1994 (No.2), la mayoría de estas obras están exentas de la presencia humana. Su contenido está fundamentado exclusivamente en el color y la pintura. Las visiones cuasi naturales de tormentas y paisajes, dan lugar a imágenes impredecibles y espirituales, creadas a partir de un vocabulario moderno de principios sintetizadores basado en línea, forma, color y espacio. En un universo elemental, imágenes orgánicas de figuras cambiantes evolucionan como nubes o como rocosas grietas.

Así, las descripciones de la naturaleza están de más. Estas han sido abstraídas de las formas de los elementos inconmensurables de la naturaleza para convertirse en metáforas del cosmos.

En pinturas totalmente abstractas como Venus Concebida, el artista traduce los vastos y áridos espacios de la naturaleza y el poder de las montañas a un lenguaje de asociación netamente mental y emocional. Es un lenguaje de imágenes evocadas que obligan al espectador a responder personalmente a los caprichos de color y forma contenidos en el lienzo. El paisaje de El Salvador, con su variedad de terrenos que incluye montañas y mar, y su historia de pacífica tranquilidad, salpicada de brotes de temor y violencia, es particularmente conducente a las creaciones de un abstraccionismo romántico que la terminología moderna redefine como ¨Expresionismo Abstracto¨. Pese al dominio original de un grupo heroico y agresivo de pintores que trabajaron en Nueva York en la década de los cuarenta, el Expresionismo Abstracto vino pronto a reunir a una amplia gama de artistas, incluyendo a los abstraccionistas figurativos y a los abstraccionistas cromáticos (Campo del color), quienes se dedicaron a los aspectos más esenciales del proceso creativo de la pintura: pigmento en llano lienzo aplicado de acuerdo a una derivación exclusiva y subconsciente. Su influencia sobre generaciones posteriores de artistas a través del mundo es profunda.

La búsqueda del mito primordial y de la naturaleza que caracterizó a muchos de los expresionistas abstractos y sus seguidores, los animó a destilar algunos fenómenos elementales de la naturaleza en la pintura. Ya sea un cuerpo celestial, la furia de una tormenta en el mar, una perspectiva idílica, o la vasta expansión del Oeste americano, los expresionistas abstractos desarrollaron cosmogonías privadas y lenguajes personales simbólicos de contenido universal y mítico. Está compuesto de cielos luminosos y nubes vaporosas que podrían significar un estado de ánimo muy particular de misterio y fe, o bien, energías explosivas de proporciones cósmicas capaces de expresar un fenómeno más dinámico y energético.

Las perspectivas luminosas de sus composiciones etéreas aparecen con frecuencia inundadas de agua; la tierra emerge, saliendo del diluvio, y se hacen visibles los vestigios terrenales y los fragmentos de construcciones monumentales provocando una sensación de misterio y silenciosa tranquilidad.

En la historia del arte, el agua tiene múltiples asociaciones. En muchas de las pinturas de Mauricio Linares Aguilar, el agua pareciera inundar la tierra totalmente, no dejando remanente alguno de la presencia humana en la imagen final de limpieza y castigo del desastre. En Paisaje, 1995’1996 (No.3), un estado primitivo evoca la creación del mundo, mientras que Ventana, 1987 (No.5), contiene fragmentos de habitación humana y remanentes de edificaciones con sobretonos surrealistas y elementos de desolación. ¿Podemos nosotros escapar del miedo que provocan esas inundaciones por medio de la creación de dichas imágenes? ¿O es la inundación sinónimo de un comienzo nuevo, tranquilo y de esperanza? ¿Podrá un artista en una isla sentir desolación y obsesionarse con el simbolismo del agua?¿O es una fantasía? Aparentemente, para Mauricio Linares Aguilar, son todas esas cosas.

Lo surreal y lo fantástico se combinan con la belleza del agua en una serie de trabajos en los que extraños personajes aparecen pintados, sumergidos en el medio solitario e irracional del mar. En La Que Vuela, Ninfa, y en Mujer-Flor (No.4), todas del año 1995, formas enigmáticas y femeninas han sido pintadas con la gracia lírica con que se asocia generalmente la estatuaria clásica. Convincentes en su realidad, estas formas son sin embargo, inventos de la imaginación, contradictorios y turbados, reveladores de la profunda sensibilidad con que el artista capta los diferentes estados de ánimo de la naturaleza, cavando para ello su psique, en busca de lo esencial.

Hay un mundo de fantasía que existe en las profundidades del inconsciente. De este mundo emergen distorsiones surreales que salen de la soledad de la naturaleza. Cuando Mauricio Linares Aguilar incorpora figuras extrañas y artefactos humanos ocultos, sus misteriosos paisajes y nubladas perspectivas, sus pinturas adquieren un enigmático y particular sostén. Estos caracteres son configuraciones totalmente imaginativas y su presencia desafía toda explicación en la medida que imparten su propio y peculiar significado del espacio y del medio que los rodea.

Sus figuras no tienen rostro o están enmascaradas, fragmentadas o distorsionadas. Hay pocas pistas para explicar sus existencias. Trabajando dentro del vocabulario abstracto que se usa para registrar los movimientos del universo y las relaciones humanas dentro de él, Mauricio Linares Aguilar se manifiesta sobre una visión surreal del tiempo y del espacio. En composiciones desoladas y aisladas de distancias infinitas, ¿serán éstas fragmentos de la humanidad, sueños, clamores ritualísticos, o meramente pesadillas? Dentro del remanente de lo que puede ser reconocido, y de los elementos asociados con la continuidad de la vida y las memorias del lugar, estas extrañas distorsiones se comportan como reencarnaciones espirituales del pasado de toda una vida. Rondando en su proceder, emergen de las profundidades del pigmento o imponen su presencia como espectadores desde un mundo superior.

Algunas veces, estas figuras aparecen como enormes criaturas elevándose ¨goyescamente¨ sobre la tierra y el mar antes de dar paso a las fuerzas de la naturaleza y desaparecer en el abismo. En otras obras, aparecen estirándose para alcanzar y abrazar a la humanidad, como guardianes del futuro.

Mauricio Linares Aguilar mira dentro de su ser para activar su visión de la naturaleza y de la humanidad, para explorar las complejidades de sus misteriosas relaciones. Esto inicia el proceso creativo. En sus pinturas totalmente abstractas y cromáticamente relucientes, no hay necesidad de una referencia de la realidad. Cuando esta referencia se hace a través de la incorporación de figuras, fragmentos o de remanentes de la presencia humana, el efecto puede ser más confuso que romántico.

Las imágenes enigmáticas pintadas por Mauricio Linares Aguilar son formuladas partiendo de un lenguaje visual que reúne las tradiciones divergentes del Realismo, del Expresionismo Abstracto y del Surrealismo, dispuestas dentro de un mundo creado por su propia experiencia personal y su entorno, e influenciado por la realidad de El Salvador. Es en la superficie de las pinturas mismas que se esclarecen los vínculos entre los conflictos formales y las referencias ilusorias. Con agilidad y control, este artista eleva sus imágenes misteriosas sobrepasando el plano ordinario a través de la aplicación fluida del pigmento y la seductora persuasión del color y la textura.

La creación de Mauricio Linares Aguilar cae dentro del contexto de los conceptos del Expresionismo Abstracto y de las metodologías artísticas y de estilo más contemporáneos. Un (a) artista debe de estar verdaderamente dedicado (a) a su trabajo para superar muchos obstáculos en el camino hacia el éxito y el reconocimiento. Mauricio Linares Aguilar, ha persuadido su arte de manera diligente, logrando éxito no sólo en su pequeño país, sino más allá de las fronteras patrias.

El continúa recibiendo reconocimientos por la elevada calidad de su arte, imponiendo un ejemplo digno de imitación para otros artistas quienes persiguen el cambio evolutivo dentro de sí. Mauricio Linares Aguilar ha comprobado con éxito que el cambio puede desprenderse desde el interior de cada uno, sin necesidad de que otros lo determinen.

Carol Damian

Coral Gables, Florida.

Junio de 1996.

Publicado en el catálogo de la exposición ¨Mauricio Linares Aguilar. Obras¨, Sala Nacional de Exposiciones Salarrué. Julio 1999.

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1995

Imágenes de Mauricio Linares

Henos aquí, entonces, ante la obra del joven pintor.

Una tribu de imágenes viene agolpándose, y es obra numerosa aunque el pintor sea joven, y tiene densidad.

Primero, en un tiempo que es su tiempo primero, Mauricio, hijo de Ahuachapán, ciudad provincial, antañona, rodeada de siembras de cafeto, pintó viejas ventanas sobre viejas paredes, viejas puertas, viejas aldabas, viejas chapas. Iban caracoles por los viejos muros, como los habitantes de una ciudad abandonada. No era aquello surreal ni irreal, pero algo tenía que escapaba al mundo cotidiano, que insinuaba inquietantes mundos que intuimos sin verlos. Entiendo que cuando comienza con esos caracoles y esos muros es casi un niño, y vive aún en su ciudad solar y soñolienta, de gruesos muros de adobe blanqueados con cal, con dos parques y un misterio: los ausoles, esos mínimos ¨geisers¨, fuentes de agua hirviente brotando de la tierra volcánica. Y ahí están los muros, gruesos para resistir temblores, (y más viejos que los viejos que se ocultan tras los cerrados balcones, y que han de ser los caracoles que suben por estas tapias calcinadas, decrépitos de su vejez y de sus prejuicios) asentados en las calles coloniales y polvorientas, sello de un monarca lejano sobre la abrupta tierra joven. Es ese su paisaje iniciático.

En Ahuachapán recibe clases con doña Rhina de Arévalo, pintora que ha sido, a su vez, discípula de Valero Lecha y Miguel Ángel Polanco.

Desde temprano, Mauricio sabe que será pintor, y por una vez-no todas las biografías de artistas tienen por qué ser exactamente iguales-sus padres lo apoyan en su vocación en lugar de oponerse. El artista naciente va a ir a completar su formación al extranjero, estudiará en los centros prestigiosos de las grandes urbes, y verá en los museos las obras de los grandes maestros de antaño y hogaño. Más no sucede así. La llegada de la guerra trunca esos propósitos.

Modificados los planes, Mauricio debe contentarse con venir a San Salvador e inscribirse en la Universidad José Matías Delgado. La frase sonará incómoda para los capitalinos, mis conciudadanos, y para quienes conforman la Universidad Matías Delgado, centro de estudios en el cual dí clases. Más si se ponen la mano en la conciencia, deberán reconocer que hay focos de civilización más importantes que nuestra querida capital, y que cuentan con mejores espacios para la ilustración e instrucción de las ciencias y las artes.

Pero el azar hace bien las cosas, reza el adagio, uno de esos rezadores adagios de sacristía, y esos años universitarios fueron beneficiosos para él.

Quizás valga subir por orden los peldaños en lugar de quemar bruscamente las etapas. Los profesores eran, por lo general, buenos, y quien dirigía la Escuela de Artes Aplicadas de la institución, era otro artista oriundo de Ahuachapán, Roberto Galicia, pintor de reconocido mérito con quien pronto entabló amistad.

En ese período, Linares va purificando sus formas y ampliando su ámbito de referencias. Entra en contacto con el Diseño Gráfico una bisagra entre el mundo del publicista y el del creador de arte en el tradicional sentido de la palabra. En efecto, es el diseño contemporáneo el heredero de la Bauhaus donde trabajaron Gropius y Kandinsky. Y recordemos que esa academia restableció un vínculo entre el mundo de los objetos de uso común-la concepción de una silla, de una letra de imprenta, de un afiche-y la obra que aspira a la trascendencia.

Era vínculo que destruyó el Romanticismo al sacralizar al artista como un pequeño Dios, desdeñando las aplicaciones prácticas de su conocimiento. Más esa relación, bajo otras formas, había sido normal en siglos precedentes. Miguel Ángel no tuvo inconveniente en dibujar el atuendo que usa hasta nuestros días la guardia del Vaticano, y los Van Eyck decoraron navíos para las grandes festividades.

La intención de Mauricio era distinta, desde luego, pero un artista puede aprender de quien traza un afiche. Por ejemplo, que con poco se puede decir mucho.

-Pero lo que me dio la Universidad fue más disciplina que cuestión de estilo…

-nos aclara el pintor.

Pronto tomó Mauricio Linares sus distancias con los aspectos propiamente comerciales del Diseño Gráfico, siempre incómodos, al cabo, aunque necesarios y también inevitables. Mas su rumbo era otro, su aventura era otra, y sus derroteros internos eran aquellos que hubiesen aprobado los adalides del Romanticismo. Pues, en el fondo, como dijo Rubén Darío de una vez para siempre: ¨¿Quién que es no es romántico?¨

Así Mauricio entró en el arte por la puerta del ideal, que se resiste a someterse a los libros de contabilidad y aspira a la obra maestra. La aspiración, por cierto, es tan amable como absurda, si bien se ve, pues no suelen beneficiarse los artistas muertos de su gloria inmortal. Pero, si amamos el arte, tendremos sed de aquellas obras que ellos crearon, y su íntima realización personal pasaba por ahí costase lo que costase. Más los tiempos cambian, la idea de que el pintor es un loco que vive a ¨tres menos cuartillo¨ va cediendo lugar, en nuestra patria más tarde que en las ajenas, a la de que quien maneja los pinceles realiza un trabajo honorable. Esto ha facilitado la vida a Mauricio, el cual por de pronto, afortunadamente, no parece próximo a cortarse una oreja ni a pegarse un balazo en la sien.

Sus proyectos son otros, y su apego a la existencia, el goce de su familia, su jardín, sus viajes, su vida en suma, lo alejan de tan poco halagüeñas perspectivas. Y bajemos por un jardín pues lo mencionamos, y digo bajemos porque está en declive, en ese límite montañés que cerca a San Salvador por el Sur, y se atraviesa el jardín al ir de su casa al estudio. Hay plantas curiosas y bien cuidadas entre arreglos rocosos. Hay asimismo, un juguete gigante para niños pequeños, un cubo con boquetes que puede ser guarida y deslizadero. Una sinuosa escalerilla de piedra nos conduce al amplio y sencillo estudio, desde el cual es dable observar un magnífico panorama de la ciudad, y la vista se alarga, rumbo al Norte, hasta el perfil del cerro Guazapa. Y entramos al taller, y encontramos otras montañas. Porque, avanzando con reflexiva y cortés cautela, el pintor Mauricio Linares fue dejando los muros de su ciudad polvorienta, los de aquél Ahuachapán imaginario de sus primeros cuadros, con caracoles fósiles detenidos en sus descascarados paramentos.

Caen las paredes, y detrás hay paisajes misteriosos y abruptos. Todavía permanece, allá, en uno de sus lienzos que siguieron, un torreón con un vano que da al infinito. Pero son más los paisajes desiertos, sin vestigios humanos tan siquiera.

Le hago observar que es escasa la figura humana en su obra.

Procura contradecirme, y me va enseñando otras pinturas. Un personaje enigmático, con un extraño tocado, clérigo de una ignorada deidad. El retrato de un amigo, en cual procura emprender una tarea realista, y realiza una imagen que se asemeja más a un hermano muerto del artista que al modelo. Unos personajes cuasi transparentes, que por momentos parecen ominosos, y son más sombras que corporeidades.

Y vemos sus más recientes trabajos. Una mujer-flor próxima a alzar el vuelo. Una mujer convirtiéndose en vuelo. Y me muestra, dándome una agradable sorpresa, un personaje sin rostro, que proviene de un cuento de terror japonés narrado por Lafcadio Hearn, y que yo le conté. Esta es la fábula a grandes rasgos:

Un caminante se dirige de noche a un poblado, y encuentra a un individuo a quien pregunta la ruta. El desconocido, por respuesta se pasa la mano por la cara, y borra su rostro. Corre, nuestro viajero despavorido. Avisora las luces del poblado, llega jadeante. Entra en la posada, y con gran excitación cuenta lo acontecido a la posadera. Ella no se inmuta. – ¿Cómo? ¿Así?-responde, y borra su rostro.

Pero, casi siempre, la figura humana pintada por Linares está en relación con el paisaje, y uno guarda la sensación de que el protagonista es la naturaleza. Son paisajes interiores, en los que late una respiración de alturas y abismos. Paisajes de montañas que suceden a las brumas, (y tras las brumas hay otras montañas). Horizontes. Agua, Archipiélagos proféticos, cuyo único visitante es el viento. Remolinos glaucos, llamados hondos abismos de agua. Un paisaje de soledades se despliega en los lienzos del pintor joven, una evocación de latitudes ancestrales.

Primero eran ventanas, viejas ventanas, viejas puertas, viejas chapas. Después –sésamo ábrete-vamos al montañoso territorio de la interioridad, a la comarca de los mitos.

Y cuando tuvo la ocasión de ir al Japón, vio el artista panoramas que parecieron nacidos de su sueño.

Tuvo, allá, una exitosa exposición. Añadamos tangencialmente que ese viaje dio origen a nuestra conversación sobre literatura, que Mauricio es lector consuetudinario, y que escribe, de tanto en tanto, acertadas páginas.

Se refirió, al contar sus impresiones, en particular a Sasebo, en la prefectura de Nagasaki, desde donde se alcanza a contemplar Corea. Se extiende ahí el archipiélago de ¨Las mil islas¨. Los isleños cultivan perlas, y es dable ver, al fondo del agua transparente, las redes con ostras.

Se quedó absorto ante el archipiélago maravilloso. Supo que ya lo había visto antes pintado, y que era su tierra, porque su tierra era, sobre toda la Tierra los sitios donde el cosmos señala con mayor intensidad su presencia.

Su figuración humana es enigmática, al punto de llamar del más allá a un hermano muerto, pero se atiene por lo general al realismo, si bien con economía de detalles. El hermano del retrato hace antifaz con sus manos a manera de catalejos, evadiendo así buena parte de los detalles más significativos de su fisonomía. Va de ahí el pintor, con naturalidad de quien recorre un itinerario trazado en un mapa, al personaje que borra su cara con la mano.

En su paisajismo, los rasgos van siendo velados por las brumas y por la distancia, o por el agua que se oscurece al ganar en profundidad.

Los colores se mueven dentro de una misma gama, que absorbe los detalles por lejanía. Esos sitios irreales -o reales, cada vez más escasos sobre el planeta- han sido observados con interior recogimiento, pintados con unción, ofrecidos a nuestra meditación.

Aún falta a Mauricio mucho por recorrer, pero lo que ha recorrido es ya significativo. Son muchas leguas. Es una impronta luminosa en la mañana de los grandes viajes.

Ricardo Lindo.

Septiembre de 1995.

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1987

Yo no veo con ojos extranjeros la pintura de Mauricio Linares.

La naturaleza humana, la historia, el presente y el futuro nos hermanan…y también nos agobia.

Su juventud, con su fuerza y su necesidad urgente de expresión, encuentra un mundo despedazado más que por catástrofes geológicas por cataclismos de la conciencia, su pintura, su vida se da en una situación límite: en una zona en la que se funden y confunden lo interior y lo exterior, la conciencia y el objeto, el ser y no ser; zona ambigua que aparece en sus cuadros y en los que los objetos son lo que son pero que también son otra cosa. Altas ventanas por las que sólo el tiempo o la eternidad penetran; frágiles vestigios humanos que muestran la desaparición del hombre: montañas y cielos, lejanas, ajenas.

Para Mauricio Linares, en fin la pintura no es sólo asunto de oficio que por cierto domina con destreza sino una cuestión -un cuestionamiento- humano, de conciencia, a la que por cierto responde con sinceridad.

Juan B. Juárez.

Guatemala, agosto, 1987.

Review para la tarjeta de invitación de exposición individual en la Galería El Túnel. Guatemala.